
Quienes tienen la insolencia de pregonar que el metal hecho en nuestro país carece de calidad, contemplo que lo hacen porque nunca se han detenido a descubrirlo y escucharlo detenidamente. De hecho, lejos de lo que otros más veteranos que yo pudieran pensar, si bien es cierto que la comunidad rockera y metalera se encuentra en una etapa de retraimiento considerable y va en descenso, considero que en cuanto al perfeccionamiento y la búsqueda de la excelencia por parte de las bandas que integran nuestra pequeña escena ocurre, en cambio, todo lo contrario. El álbum que me encargaré de reseñar hoy, Spiritus, es una clara muestra de ello, y desde ya adelanto que las palabras con las que trataré de describir dicho trabajo estarán impregnadas de no pocas alabanzas y aclamaciones. Créanme cuando les digo que por completo las merece.
¿La banda en cuestión? Pues nada menos que From the Graves, un proyecto musical surgido de la mano del vocalista Juan Carlos Torrente que se unió a ese selecto grupo de bandas death metaleras habaneras en 2015 y que al menos hasta este álbum, consideraba que se quedaba por debajo de su “prima” From the Abyss, al igual que de su conocidísima y respetada hermana mayor Combat Noise. Para mi sorpresa, esta opinión ha tenido que cambiar.

Ya desde las redes sociales de la banda me había enterado en diciembre del año pasado que planeaban sacar a la luz un nuevo disco, trabajo este que, según sus propias palabras, estaría en la vena de las obras primas de Celtic Frost, The Gatering y Septicflesh; y se caracterizaría por la utilización de teclados atmosféricos, riffs pesados y percusión ritual, a su vez acompañada de letras blasfemas y profanas. Al mismo tiempo explicaban que el nuevo álbum sería también un disco tributo a un grupo del patio: Spiritus, banda villaclareña de death/doom de la que al menos yo nunca en mi vida había escuchado mencionar (pero que ojo, luego de escuchar este álbum me encargaré de buscar cuanto antes). Aun cuando no conociera la fuente de inspiración original, ya con las características antes citadas intuía que el nuevo trabajo de la banda acabaría gustándome, pero lo cierto es que no pensé que llegaría a fascinarme de la manera que lo ha hecho. Reconozco que no he podido dejar de escucharlo desde que cayó en mis manos por primera vez.
Dentro de Spiritus…
Pasemos entonces al disco para que entiendan por qué me tiene absolutamente alucinado. Primero, señalar que no es un álbum como los tradicionales de muchas canciones, sino que cuenta con tres: las dos primeras, piezas covers que integran el álbum Soul Enslaved de Spiritus en 1996, y una tercera composición realizada por Juan Carlos como homenaje al grupo y en específico a uno de sus miembros principales, Franto Paul Hernández quien fuera asesinado en 1997. Créanme, si presuponen desde ya que tres composiciones musicales les parecerán poco, les adelanto que las mismas están justo en el lugar indicado y el álbum desde el punto de vista conceptual no necesita nada más.
Comenzamos entonces el sombrío viaje con “The Shadows Sleep”, un tema que, al igual que las otras dos piezas que componen el disco, se caracteriza por no tener un eje central musical bien definido; sino que irá cambiando las marchas sonoras de manera sutil y excepcional a la vez que placentera. La primera pieza en cuestión, luego de introducirte en un breve momento ritualístico, inicia con paso firme y con riffs pesados que te hacen visualizarte en una sala de conciertos sacudiendo la cabeza a más no poder. En esta canción, la alternancia de voces melódicas y guturales al más puro estilo gótico es sencillamente pasmosa y empasta a la perfección con esa atmósfera oscura y enigmática que transmite su teclado. Es una pista musical de casi 18 minutos, pero distinguida en su totalidad por la manufactura.
Acto seguido, nos sumergimos en otra obra de larga duración: “Incorporeal/Sanctificetur Anima”. Esta comienza de manera totalmente opuesta a la pista anterior. Va in crescendo en cuanto a acordes pesados y voz gutural se refiere, y así se mantiene casi hasta la mitad de la canción. Es entonces cuando, de manera briosa, cambia y nos traslada a otro mundo igual de nebuloso, pero donde reflejan su lado más death metalero, para de inmediato volver a otro donde predomina la voz limpia y el riff menos distorsionado. Y es que, por momentos, te parecerá estar escuchando dos canciones en vez de una, pero en este caso, es producto de una conjunción magnifica y no de una mera superposición de pistas, por lo que la considero digna de ser venerada y glorificada. No pasa inadvertido el poder de Juan Carlos Torrente, quien demuestra aquí estar como el vino y reafirmarse como lo que es: una de las voces más idílicas y representativas de nuestro metal extremo.
Termina el recorrido del álbum con la que se ha convertido en una de mis canciones predilectas de los últimos tiempos: “Requiem Aeternam”. Esta pieza musical me ha fascinado, ¡y de qué manera! Y es que tiene todo lo necesario para lograr prendarme: ese inicio melódico absolutamente cautivador, esa guitarra distorsionada que guía al resto de los instrumentos, esas líricas profundas, esa voz cavernosa y potente de Juan Carlos e incluso, hasta los sonidos de fondo del batá, hacen de ella una obra maestra que en mi opinión trasciende por encima de las otras dos y se hace en extremo hipnótica a la vez que atrayente.
No puedo dejar de destacar y enfatizar dos elementos indiscutiblemente importantes dentro de este disco y que contribuyen en demasía a convertirlo en una obra interesante. El primero ya lo he resaltado en alguna que otra reseña anterior y es el cada vez más sublime trabajo de estudio que se logra a través del perfeccionismo latente en Neiver Díaz (director de Treatment Choice), quien, encargado de la producción y la masterización, ha logrado crear el que valoro hasta ahora como uno de sus mejores proyectos.
El segundo, es la increíble y hermosa voz femenina presente en cada una de las composiciones y que tengo que confesar que me tiene por completo enamorado. Katia Fernández, con su melódica voz operática, juega un papel imprescindible, ya que aporta sobriedad y firmeza en cada una de las canciones de Spiritus y por momentos me atrevo a afirmar que hasta le roba el protagonismo al experimentado Juan Carlos. Verla como solista en un trabajo completo sería fascinante y me gustaría poder escucharla nuevamente en un futuro cercano.

La mixtura musical, la calidad de voz tanto melódica como gutural y muchos otros elementos antes mencionados, hacen que este último álbum de From the Graves quede más que recomendado para ustedes como uno de los mejores trabajos que se hicieran en el año 2020 en nuestro país. No caben dudas de que con este álbum la banda ha aunado talentos y recursos y han logrado crear una pieza única, una obra maestra donde aparecen composiciones notables y excelentes por lo que, en lo adelante, Spiritus podría perfectamente transformarse en un autentico álbum de culto.
Si el grupo decide quedarse en esta línea musical a lo Spiritus y seguir buscando este sonido en futuros proyectos seria magnífico y la escena metalera cubana podría finalmente llenar ese vacío pendiente que hasta el día de hoy tenía en lo que a este género se refiere. Por mi parte, solo me queda decir que lo he disfrutado sobremanera y que les agradezco el habernos regalado una colección de composiciones musicales tan lúcida y brillante. Ansío que continúen cautivándome tal y como lo han hecho en esta ocasión.
(Reseña originalmente publicada en Opía Magazine)