
En la película que es su vida, Dionisio Arce hace y deshace cuanto quiere. Aparece entre las sombras y, con las luces, se transfigura. Ahora mismo, cuando deja atrás el chaleco de mortal y proyecta un gruñido en el micrófono, reaparece como Dios hecho carne, frente ante un séquito de fieles que lo sigue a todas partes, que lo adora con fervor religioso y que recita la palabra, SU palabra, al compás de «El Renacer de los Muertos», «Confiesa» y «Hermano».
El guion de este filme poco ha variado en los últimos años, pero Zeus, el elenco protagónico, tiene ese sabor de los clásicos que te hace regresar una y otra vez, escena por escena; aunque conozcas qué pasará a continuación y cuál será el siguiente plano o tema de la banda sonora.
Pero esta noche, el libreto cambia a una versión extendida. Dionisio anuncia que habrá sorpresas y trae un flashback de los ochenta: un tributo a la deidad caída, a la reina de los condenados. El culto de los viejos frikis reconoce en su voz los himnos de Venus, la banda pionera del heavy en Cuba; y Diony, metido en su papel de semidiós maldito, extiende el brazo izquierdo hacia el frente, donde una luz ilumina su silueta y le recuerda que él, como el resto de los rockers, nació culpable. En sus ojos, una frase: «Ave, Cesar. Los que van a morir, te saludan».
