
Fotos: Alina Sardiñas. Altahabana, febrero de 2019
Conocí a Dyango gracias a Alain, mi esencial compañero en una parte importante de este trabajo.
Dyango es un rockero de Altahabana, un friki a todo lo ancho.
Llegamos a su casa y nos recibió su papá, un señor ya viejito a quien Dyango cuidó hasta el final. Nos sentamos a conversar con Dyango en la sala de su casa y contó muchas cosas, habló también de proyectos relacionados con los rockeros que alguna vez alguien comenzó, pero se quedaron en el camino. Me dijo: «Ojalá que tú sí termines». En ese momento por primera vez sentí el peso del trabajo que estaba haciendo y agradecí que Alain dijera: ·»Ella sí lo va a terminar». Creo que nunca se lo dije a ninguno de los dos pero ese fue un momento crucial para mí.
Expectante, rastreaba con la mirada el pequeño apartamento de microbrigada buscando la promesa del cuarto de Dyango.
«¡Hasta en el techo!», pensé cuando entré en aquel santuario, donde más allá de una tenue exhalación, la luz no tiene oportunidad. Las paredes van narrando a un venerado King Diamond con todos sus espeluznantes rostros. Tal vez si abrimos una grieta salga un falsete atrapado entre los ladrillos, así como el olor a cigarro está atrapado en el aire.

Cuando le pregunté a Dyango qué era para él un friki y cómo había llegado a convertirse en uno, me respondió: Debe ser y esto es inviolable un conocedor de nuestra música y después ir a conciertos, guerrillas, festivales, trasnochadera. Yo iba a donde sea por copiar un disco, era cosa de todos los días caminar por La Habana a ver quién tenía doble cassettera. Grabé cosas en Santa Clara, Pinar del Río , Matanzas… Siendo un niño de once años viajaba con mis padres en una guagua a la que subió un piquete de frikis entre ellos el archiconocido Frankenstein . Ellos estaban en su rumba pero tranquilos y sin embargo la gente empezó a hacer comentarios horribles y a mirarlos mal , entre ellos mi padre que era militante del partido. Yo le pregunté por qué decían esas cosas de los muchachos y me llevé tremenda bronca delante de todo el mundo. Desde ese día entraron en mi corazón para siempre.
Su página de facebook es casi un album de fotos en blanco y negro del pasado friki de mucha gente. Allí también con un «ya nos veremos viejo amigo» se despide cada vez que un rocker parte hacia la desconocida luz.

Dyango Pulido lleva años trabajando en un proyecto personal acerca de los fanzines en Cuba y en su canal de YouTube tiene una entrevista preciosa que le hizo a Jorge Luis Hoyos, “El Satan”, editor del primer fanzine cubano.
“Eso ya no pertenece a la historia del movimiento rockero cubano, eso ya nos supera. La historia de los fanzines en Cuba pertenece a la historia de Cuba. Yo quiero que el día de mañana cuando yo no esté, la gente me recuerde como un friki, pero como un friki que aportó algo para que las nuevas generaciones conozcan algo de su historia”.
Le pido una frese: «Sepan y estén seguros que el día que la muerte toque a mi puerta, estaré escuchando rock and roll».
*La crónica y foto principal forman parte de la exposición y serie fotográfica Light my Fire, que rescata los rostros e historias de los frikis cubanos