
Foto: Alina Sardiñas. Santiago de Cuba. Enero de 2024
Las imágenes mostradas y los fragmentos de vida contados en este ensayo fotográfico anhelan agregar vertebras a la espina dorsal de una sociedad que se ha movido y se mueve también gracias a estas vertebras. Vértebras resistentes o quebradas, pero parte de nuestra anatomía. Desde que comencé a trabajar en este ensayo, cada vez que he apretado el obturador de la cámara, lo he hecho con el respeto y la conciencia de estar en presencia de un ser humano que será visto por otros, y las siempre respetables circunstancias de su vida. Este es un trabajo hecho con amor, yo pido que nadie lo ponga en duda.
Cuando me asomé someramente al Panzer pude escuchar el crac de su vida quebrada y oscilé entre publicar o no acerca de él. Pero ¿acaso no somos todos comienzo y caída y a veces renacer? Heridas y risas. Cordura, locura, ternura. Por qué ocultar al ser humano del ser humano. Yo también tengo ventanas arrancadas del cemento y he estado rota en la esquina de una casa vacía. Que nadie me oculte.
Este es un trabajo acerca de los rockeros, metaleros y frikis cubanos, y sin el Panzer, a este trabajo le faltaría un pedazo.
Su amigo Jose “Judas Priest”, a quien fotografié en Holguín como parte de este proyecto, le enviaba conmigo un CD de Iron Maiden y dos de Judas Priest. Habíamos quedado en vernos a las 4:30 en el parque Céspedes, pero él no podía esperar. Quería los discos y los quería ya. Cuando llegué a Santiago de Cuba, el Panzer, rompiendo todo el plan, me estaba esperando en la terminal .
Desde que empecé el trabajo sobre los rockeros y frikis cubanos apunté su nombre como alguien a quien no podía dejar de ver cuando fuera a oriente. Su nombre siempre aparecía y alrededor de él una extraña energía. Finalmente lo tuve delante.

En la casa de Panzer hay un teléfono fijo que nunca responde , un vinilo de Slayer que le regaló su amigo Juanelo y una bolsa plástica donde guarda sus dos títulos universitarios (uno en Comunicación Social y el otro en Estudios Socioculturales), unas fotos de él más joven y extremadamente hermoso, y un montón de CD. Eso es lo único que hay en su casa, nada más.
Me cuenta que baila slam como nadie y en el primer festival de metal que se hizo en Camagüey dio muestras de ello, desencajando más de una mandíbula y quedándose sólo en el ruedo. Uno de los frikis que estaba allí dijo: “Este tipo es un Panzer”, haciendo referencia a los tanques alemanes que se usaron durante la Segunda Guerra Mundial. De ahí su alias.

El Panzer es un hombre de una vasta cultura y su conocimiento de rock transitando por los géneros del metal tienen la profundidad del océano. Maneja todos los nombres de álbumes con fechas, anécdotas, canciones. Es apabullante. Su pronunciación del inglés, su voz tan vital y la modulación del tono cuando menciona el tema «Touch too Much», de AC/DC, te hace sentir que estás escuchando un buen programa de radio. Una de las conversaciones más hermosas acerca de música me la regaló Panzer cuando empezó a hablarme de la influencia de Wagner en el metal.
«Mis primeros pasos como friki de la moña los comencé a mis dieciséis años gracias a un amigo del aula a quien su madre le traía del extranjero los casetes de fábrica. Los Beatles, Europa, los Rolling. Uno de los discos de Los Beatles que me marcó para toda la vida y me hizo adentrarme en el metal fue el álbum blanco, donde viene «Helter Skelter», un tema que fue el primer paso hacia el heavy metal. Te seré franco», me dice, «cuando comencé a escuchar death metal no lo comprendía, hasta que escuché a Slayer«.
Fanático de Slayer hasta rayarlo en la piel, el Panzer tiene en su bolsa plástica varias ediciones de Reign in Blood, que considera el mejor disco de heavy de la historia.

«He tenido varios patrones en la moña de Cuba , uno de ellos, Jorge Luis Hoyos, el Satan. Ese fue un hombre que me enseñó a escuchar música, a entender muchas cosas interesantes y de valor. Pablo, el de Regla. Octavio, el AC/DC, otro de mis maestros. Raudel “el Speed”: Lamenté mucho su muerte como lamenté mucho la de Octavio AC/DC . Nada más pensar que no pude estar cerca de ellos me aflige totalmente». En este punto Panzer llora, otra vez.
«Son personas a las que le agradezco mucho en el aspecto intelectual. Tener hermanos, no amigos, hermanos como Youre (Meriño) el de Banes, como Pavel (Reyes), que aparte de hermanos, han sido maestros… gracias a ellos me convertí en un universitario, siguiendo sus pasos. Y aquí estoy envejeciendo sin claudicar, que dicen que cada día estoy peor».
Panzer fue muy amable, me brindó su ayuda y me dejó entrar en sus emociones. Encontré natural que llorara delante de mí a los quince minutos de haberme conocido solo por escucharme decir que el Satan le mandaba un abrazo. También lloró cuando me mostró el disco de Slayer que le regaló Juanelo y me contó que le habían ofrecido 250 USD y no lo dio. Anduvimos juntos por Santiago y la gente nos miraba desconcertada: me interrogaban con los ojos, desde el silencio de los gestos me preguntaban si él me estaba molestando. Montamos en un coche de caballo para ir a casa de “la Morgue”, alrededor de nosotros se hizo un vacío. Panzer me empezó a hablar de Reinaldo Arenas y de Carpentier, mientras la gente entendía cada vez menos y yo alucinaba cada vez más. En dos ocasoines me dijo que después del concierto de Sepultura , lo otro más importante que le ha pasado ha sido que desde La Habana una fotógrafa venga a hacerle fotos por ser un friki. Agradecí la exageración.
Panzer dirigió una peña de rock a principio del siglo XXI y también era el guionista y conductor de “Luz de fuego” un programa de heavy metal en la radio de Santiago: «Pero se empezó a regar una bola de que yo estaba creando violencia y diversionismo ideológico en los jóvenes de Santiago así que me censuraron todo».
«En Cuba hay bastantes bandas de rock con muy buenos músicos pero todo es mimetismo con las bandas extranjeras. No me gusta decir mentira ni ocultar verdad, quisiera que acabara de salir en Cuba una banda que represente el metal cubano. Hasta ahora, todo es reproducción. ¿Y dónde está lo contestatario que debe de tener un friki, la expresión de rebeldía? Algunos hasta parecen policías en lugar de frikis. Hay que proclamar la libertad de creación que es el mayor respecto que podemos ganar como frikis y no estarse guiando por la política cultural ni dejarse pisar los talones. Y a las nuevas generaciones quiero decirles que tengan criterio y gusto propio y aprendan a escuchar música. La frikandá no puede morir en nuestra generación. Lo digo yo, Panzer, desde mi casa en Santiago de Cuba».
Olvidé pedirle una frase, lo llamo, pero no responde.