
«Yo soy de Encrucijada, un pueblito de Villa Clara con muy poca población, pero no he conocido otro más rockero que ese», me dijo Vicente y empezó a mencionar rockeros de allá, y a enviarme fotos que van desde un pasado analógico hasta un presente digital. «Ninguno de los que salimos en las fotografía nos hemos quitado del rock and roll», me advierte. Cuando hablamos pude detectar lo importante que son para él los amigos pues su conversación gira siempre alrededor de ellos. Belkis, Cachirulo, Ilena, Noemí, Naldito uno que tiene el pelo por la cintura y que nunca ha salido del pueblo… son algunos de los nombres de rockeros de su pueblo.
El vasto universo de la frikandá está marcado por riff que derraman vidas vividas con intensidad y dentro de este universo la amistad se teje con cuerdas de acero. Vicente, como muchos rockeros, me habla de Octavio «AC/DC» ( a quien pude fotografiar para este proyecto tres meses antes de su muerte) y me cuenta que el primer pulover que él tuvo de Mötley Crüe, se lo pintó Octavio. Esto me pareció una pincelada preciosa que me conmovió por todo lo que ello encierra.

Vicente escucha música gótica y una de sus bandas favoritas es esa. Desde la secundaria le gustaban las cosas en inglés: escuchaba Foreigner , Los Beatles y le cazaba la pelea al programa «Prismas» para ver la presentación donde salía la imagen del disco Them, de King Diamond. Belkis “la Renegada” me cuenta que ella y Vicente, con apenas doce años, se escapaban juntos a buscar frikis y música rock por todos los carnavales. A ella agradezco haber conocido a Vicente y Raquelita.
«Yo iba mucho a La Habana con un buen piquete. Con mis amigos Cachirulo, el difunto Nene nos íbamos para Bacuranao , para el parque de la catorce en la Víbora, para los conciertos de los Takson… para el malecón . Después surgió el Rock Coppelia y conocí habaneros que se quedaban impresionados con lo mucho que sabíamos nosotros acerca del género».
«Luego comenzaron los conciertos de Metal Oscuro en Alamar y en los noventa se hizo la banda de la que fui un tiempo vocalista. Primero se llamó Convivencia Sagrada y luego Javier Leiva «El Copia», enciclopedia viviente del rock (como le dice un amigo de nosotros que se fue para España) y director del grupo le puso King of Kings».

Dice Javier que Vicente es una gran persona y uno de los pocos que se ha mantenido fiel a la escena del rock en Santa Clara. Recuerda la época en la que pasando trabajos en trenes o en lo que fuera, se iban juntos a La Habana y se quedaban por ahí con el único objetivo de ir a un concierto. «Admiro su perseverancia, él lucha por lo que quiere, busca música, lucha la escena y después de décadas todavía va a La Habana a ver bandas en concierto. Vicente ha sentido el rock y todavía lo siente», cuenta Javier.
De Raquelita, una de las rockeras que más ha prevalecido en Santa Clara y que es amada por todos, Vicente narra: «La conocí en el año ochenta y nueve vestida con el uniforme lila de estudiante de enfermería, estaba sola sentada en un banco del parque de Santa Clara, me le acerqué y enseguida sacamos confianza. Nos empatamos muchísimos años después, en el 2014. Ahora ya no estamos juntos pero seguimos siendo amigos».
El día que la Renegada me llevó a la casa donde ellos vivían y donde me recibieron con tanta hospitalidad me fui con una agradable sensación de hogar. Pude haberme quedado sentada en esa silla del comedor durante meses, oliendo el café que ella preparaba y respirando la buena honda que allí flotaba.
Algunos excesos o simplemente la vida, que como sabemos guarda todo tipo de sorpresas para nosotros, dejó en Raquelita algunas huellas después de un infarto cerebral. Pero mi cámara también recogió huellas de Raquelita y Vicente. Ellos ya para siempre serán esos dos rockeros de Villa Clara que me miran desde la mesa del comedor o que se miran con toda la ternura y la belleza que el cariño eleva.

Cuando les pedí una frase, ella, casi moldeándola con el humo de su cigarro, me dijo : «Somos los mismos frikis que cuando empezamos».