
En un sitio cuyo nombre no quieres recordar, con 18 años y un texto que nunca firmaste, te referiste por primera vez a Dead Point. Tan virgen como María en temas de rock nacional, 6 Veces + era entonces un disco inédito para tus oídos: moderno, agresivo, electrónico, irreverente; lo mejor que habías escuchado —¿habías escuchado otra cosa?— de las bandas nacidas en Cuba.
Seis años más veterano y seis veces menos elogioso, regresas a Dead Point por casualidad y te quedas un rato pegado al core. Nostalgia y rebeldía. Pelo corto y uniforme azul. «Flaco, quítate los pulsos». «Si no te pelas, no entras». Gente que estaba y ya no. El cover de «Umbrella» en gutural. Las niñas mirándonte raro. La mala palabra de «Orden 2013». El coro de «Un Tiro al Aire». El rap de El B en «Días sin Gloria». La balada sin nombre con Tiago Felipe. Y el coro: «Una vez más, seis veces más. Una vez más, cerrado por capacidad»…
Nostalgia de nuevo. Seis años que se van en nada; nueve ya, desde que el álbum salió. No es seguro decir que es mejor o peor que antes. Diferente, solo diferente. Hay discos, bandas y canciones que se vuelven gente, momentos y lugares. 6 Veces + tiene algo de eso. Por eso escuchas sus temas y escribes esto. Es, quizás, una deuda con tu yo de 18. La otra es aún más grande y no sabes si podrás saldarla: ¡Qué lástima, coño, que nunca viste a Dead Point en vivo!