Venían de sentir la energía de las masas, de alcanzar la suerte de la veneración, de poner estadios a tope, pero la «fotografía» en Cuba no tuvo el color fulgurante de la multitud. No te va Gustar lo intentó en 2009 con dos conciertos en el Maxim Rock, en La Habana y en Holguín, y luego volvieron en 2014 para la primera edición del festival Patria Grande. Pero el público cubano les jugó una mala pasada.
Sin embargo el partido lo sacaron del fondo los estudiantes latinoamericanos y uruguayos presentes, en este caso, en la llamada Tribuna Antimperialista. El concierto de los uruguayos no pasó revista a la misma hinchada que los escucha a lleno completo en otros países del continente. Los pocos cubanos que se llegaron por la arena de la Tribuna quizá fueron por mera curiosidad o para revalidar su condición de melómanos abiertos, como corresponde, a todo lo que ofrece la música como descubrimiento.
La banda no le prestó demasiada atención a la soledad del público de fondo y se gastó un buen concierto como si la imagen que se encendía en la pupila fuera la de un estadio en el que apenas se podía respirar. El vocalista, Emiliano Brancciari, tenía claro el objetivo que trajo a la banda de vuelta. «Quedaron lugares por conocer y experiencias por vivir. Es muy enriquecedor poder volver a lugares donde ya estuvimos, ya que aporta una óptica única de cómo avanza la vida de las sociedades con el correr del tiempo», me dijo por correo.
No le pregunté qué realmente encontró, pero sí supe que no se sintieron muy cómodos con la experiencia. Ya habían sido varias presentaciones, en dos épocas distintas, en las que los rockeros cubanos no mostraban el interés que suscita la alineación en otros escenarios mundiales donde se han presentado y el esfuerzo, lógicamente, tiene un límite, aunque algunos nos han querido convencer que tenemos no dos sino tres o cuatro vidas. Y siguen por ahí con las palabras que se convierten en serpientes en la boca.
Emiliano me dijo además sobre el entonces presidente Mujica: «Aporta algo muy diferente al panorama político habitual. Con sus dichos y con sus acciones, muchas veces controvertidas y provocadoras, genera reflexión en la gente. Eso es importante más allá de que se compartan sus ideas o no, ayuda a ser críticos con nuestra propia vida y con nuestra sociedad. Ser crítico es crucial para mejorar y vivir mejor».
No creo que esas notas fueran tomadas entre nosotros pero sí resultó muy válido que la banda repitiera su visita a Cuba, con todo y lo conocido. Fue otra prueba de su entrega a el regreso a un país donde la «fotografía» no alcanzó un color vivo en todos sus contornos por la falta de interés histórico que ha existido entre una parte del público por lo que se hace de rock en América Latina, mientras siempre se ha seguido con notable atención la escena estadounidense.
Durante el 2014 la banda llegó con un golpe hondo. Habían perdido a su compañero de ruta, el tecladista Marcel Curuchet en un accidente de tránsito. En el concierto frente al malecón de la nostalgia, los amores cansados y las despedidas le dedicaron palabras y canciones al viejo amigo que los acompañó durante años en la carretera y repasaron piezas clave de su repertorio con el correspondiente apoyo de sus hinchas latinos. Los cubanos esgrimieron sus propios argumentos y comparaciones detrás de las banderas del continente y algunos se fueron con la certeza de que aquella experiencia había valido la pena. Y tal consideración creo fue suficiente porque, para bien o mal, esa también es la vida.
