
El anuncio del festival To Bring The Sun Dawn, dedicado al black y al pagan metal, ha generado polémica en torno a un supuesto «elitismo metalero», que deja fuera a otros géneros, y la lejanía de su sede, nada menos que Jaimanitas.
Creo, en primera instancia, que no es obligación de ningún comité organizador, integrarse en un mismo escenario a cuanta banda o estilo existe. Esa idea, que parte de la concepción de una escena única en Cuba, resulta noble y bonita, pero también, ingenua. La práctica ha demostrado la existencia de pequeñas escenas específicas, muchas de ellas, sin interés de cohesionarse. Ello contrasta con esa otra realidad de músicos y públicos diferentes, que han debido coexistir bajo una misma bandera, cuando ni son lo mismo, ni comparten los mismos intereses.

¿Mi punto? En lugar de atacar a un festival por un supuesto elitismo, habría que preguntarse qué están haciendo el resto de grupos e instituciones del rock/metal, y qué hacemos nosotros, el público, para revertir la pérdida de espacios.
Este verano ha estado bastante muerto para las bandas con repertorio propio, y aunque mucho pesa la crisis económica, eventos como el Cuerdas de Acero y el Cubao, el Festival Freak Otaku de Darkness Fall , y los conciertos en el Bar Doble-A, lo demuestran que si no hay voluntad de hacer, el universo no lo hará por uno.
En cuanto al segundo punto, es cierto que Jaimanitas queda bastante alejada del centro de la ciudad y el transporte es fatal; pero nadie, absolutamente nadie, está obligado a asistir. ¿Que se pudo hacer algo más cerca? Quién sabe…
Lo que sí sé es que se ha creado un espacio para los frikis, y que Helgrind, Skjult, Náströnd y Hrafnsmerki, están dispuestos a tocar para cien o para diez personas. ¿Será tan difícil apoyar eso, o al menos, dejarlo ser? ¿Podremos tomar la experiencia positiva y multiplicarla? ¿Podremos, por una vez, dejar de criticar y empezar a hacer?