
Cuando pensaba que por el resto de mi vida firmaría los textos como «Junior Hernández Castro» —superada ya la coletilla de «estudiante de Periodismo»—, descubrí que mi nombre ya no era mi nombre, sino un apéndice, una nota al pie, un dato secundario que a todas luces no importaba, porque poca gente iba a usarlo desde aquel 18 de junio.
El Friki Periodista había nacido de una noche a otra como una especie de alter ego, sin saber que a la larga tendría vida propia y tomaría fotos, contaría historias, reseñaría discos y haría entrevistas, casi siempre sin pedirme permiso y sin preguntar si yo, Junior, tenía algo más importante planeado para ese momento.
¿Y cómo le digo «NO»?, me pregunto. ¿Cómo le digo: «no escribas hoy», «no hagas fotos hoy», «no tienes tiempo hoy», «por qué no descansas»? La respuesta es simple: No se puede. Yo no puedo. Porque El Friki Periodista ya no es mi otro yo, ni soy yo con otro nombre. No es un personaje, ni un blog, ni perfil, ni una foto.
El Friki Periodista es una fuerza que me empuja a escribir y solo existe porque ustedes —músicos, lectores, amigos— permiten que exista. Porque cada línea que nace del teclado y cada foto que sale de mi lente, dejan de ser mías para siempre una vez que están en sus manos. Gracias por estar ahí durante este primer año, y perdonen la vanidad del auto-homenaje.