
«La Habana, a tus pies», canta Fito, «pasa el tiempo y tu recuerdo no se borra». Y se borra, sin embargo, de un plumazo a La Habana de Fito antes de ver la luz. Regresa otra vez el tentáculo censor sobre una película que resulta incómoda a nivel oficial, y la proyección de Juan Pin Vilar que debió ocurrir esta noche en el espacio El Ciervo Blanco, es una de los nuevos blancos.
Su largometraje, premiado como proyecto en la segunda convocatoria del Fondo de Fomento del Cine Cubano (y que tuve la suerte de ver hace poco más de un mes), es el testimonio de un artista irreverente y cuestionador, cuyo affaire con la capital cubana lo lleva a reflexionar sobre el arte, la cultura, la política y la historia; ya narrar sus historias de amor, amistad, alegría y dolor, muchas veces, sin pelos en la lengua.
Ojalá este episodio de censura sea corregido pronto, y el manto gris que se cierne por momentos, no traiga un nuevo 71. Esperemos que luego de tanta inconformidad expresada, La Habana de Fito y el resto de los materiales vetados encuentren su espacio en un futuro cercano. De todas formas —y esto es solo un recordatorio para quienes pretenden — la mejor manera de que alguien se interese por algo, es prohibiéndolo…
Nota Posterior: Después de revuelo, la televisión cubana transmitió, sin permiso del productor y el director, un corte del documental que no era el definitivo. Ante este acto, un grupo de cineastas cubanos comenzó a articularse para exigir la protección y respeto a la libertad de creación artística, el cese de la censura y otras demandas. El propio Fito se pronunció al respecto en una entrevista.