
Foto: Alina Sardiñas
En junio de 2019 llegamos a casa de Charles en Camajuaní, nos recibió en el portal de su casita al borde de un camino polvoriento. Hacía mucho tiempo que no salía porque estaba cuidando a su mamá y a su papá, que tenían enfermedades complicadas. Vivía sólo con ellos y realmente el paisaje era desolador. A pesar de tener tan poco tiempo me dejó hacerle un par de fotos para mi proyecto* de los frikis. Me sentí tan insustancial, tan trivial delante de aquella realidad de vida drástica a la que yo llegaba con tanta frescura y atrevimiento a hablar de una exposición a la que ni siquiera él iba a asistir.

Cuando los padres murieron decidió vender la casa y le pidió a su amigo Roberto Salazar que lo dejara vivir un tiempo con él. La pérdida de sus padres lo dejó en un abismo y en ese abismo se encontró cara a cara con el alcohol. A Charles le gustaba beber pero ese caudal de alcohol iba por otro cauce que se enredaba en lo sinuoso de un dolor cada vez más profundo.
En qué momento comenzó a rumiar su muerte, nadie lo sabe, pero en el aniversario de la de su papá Charles eligió el camino de la soga. Es una manera cruda de decirlo, pero este metalero fanático de Iron Maiden seguramente no hubiera preferido eufemismos.
Su amigo Roberto me habla de él y se carcajea contándome historias. Cuando los Rolling Stones vinieron a tocar, Charles y Roberto emprendieron viaje para forma parte de aquel acontecimiento. En la terminal no habían pasajes disponibles y sí muchísima gente, así que le propuso a Roberto lanzarse a la carretera a pedir botella para La Habana.
Roberto pensó que era una broma, pero no. Charles arrastró a su amigo y allí, en medio de la nada, se puso a sacar la mano. Finalmente un carro se detuvo y el chófer (con la condición de que durante el viaje le dieran conversación para no dormirse) aceptó llevarlos. Charles se sentó en el asiento del copiloto y habló todas las horas de viaje, sin parar. “Terminamos tomando ron y en tremenda amistad, estas cosas las provocaba él”, me dice su amigo.
Cuando estuve en la casa de Charles aquel verano le pedí una frase, me dijo: “Yo sí he frikeado”.
*La crónica y foto principal forman parte de la exposición y serie fotográfica Light my Fire, que rescata los rostros e historias de los frikis cubanos