Diez años. Una noche. Y un miembro de la fluctuante alineación de los míticos Ramones en Cuba.
El concierto de CJ Ramone fue un mes de septiembre hace ya exactamente una década. El resultado de la visita del punkie neoyorkino a Cuba alcanzó el resultado esperado. Un Maxim a reventar por un público que le puso el cuerpo a los clásicos de la banda repasados por el bajista escoltado por integrantes del grupo The Adolescents, Steve Soto y Dan Root, y el baterista panameño Juan Frochaux, que le pusieron combustible a esas canciones que definieron una escena, una época y un movimiento. El cartel lo compartió con Zeus y los ya emigrados Tendencia.
Eran los Sex Pistols en el Reino Unido y los Ramones en EE.UU. En el medio un movimiento que rompió con la anterior escena que lo precedía y le puso música al desencanto generacional y la frustración de la clase trabajadora. En Cuba era la primera vez que subía a un escenario una banda de punk de tal envergadura y todo era nuevo para los rockers y punkies debajo del escenario. Antes de la “explosión” se realizó una conferencia de prensa en la que conversé con CJ sobre su carrera y detalles de su vida personal.
Un dato que ya conocía pero que de pronto cobró una dimensión radicalmente humana en su voz me sorprendió. Metallica le propuso a CJ sumarse a sus filas para ocupar la vacante dejada por Jason Newsted tras su salida en el 2001. El rechazó la propuesta con todo lo que hubiera significado para su carrera. Lo hizo por su hija. La pequeña sufría autismo y si se implicaba en la agenda de Metallica no podía cuidarla como su condición le exigía.
Para el puesto fue elegido finalmente Robert Trujillo, quien permanece hasta hoy en la alineación y quien, por cierto, estuvo cerca de viajar a Cuba de vacaciones hace algunos años y explorar “de paso”la posibilidad de un concierto de Metallica en La Habana.
Durante el viaje a Cuba, CJ se tatuó la palabra “sincero” en el estudio de arte corporal La Marca junto a otros temas alegóricos a Cuba, si mal no recuerdo. El músico espera volver para presentar en un festival de Cine el documental filmado diez años atrás, cuando un ex integrante de Los Ramones le puso punk a La Habana y La Habana le devolvió los cuernos en alto y un poco del slam más intenso.

