
En el cuarto del fondo, justo después de los atriles, la batería y un par de altavoces polvorientos, Iván Fariñas, el abuelo del rock cubano, se sienta a recordar.
Con siete décadas en sus costillas, escucha la música de su banda, Viento Solar, y entre libros, guitarras, ropa sin guardar y discos de rock and roll, se sorprende por enésima vez de su genialidad: «¿Oíste eso?», ríe como poseído y casi palpa el éxito con las manos: «¡¿Qué banda cubana toca así?!»
Iván Fariñas ruge entonces que a él hay que tenerlo en cuenta, y se recuerda de joven con Los Halcones y los Musical Power Men, la antesala de la banda de su vida. Dice haber tocado grunge varios años antes que Nirvana, y que su estilo de rock es único en el mundo: «¡Por eso, por eso no me soportan mis enemigos!», repite una y otra vez, refiriéndose a buena parte de los músicos que se han cruzado en su camino.
Están en todas partes, advierte Iván, y parecen crecer por día. Lo tildan de loco y paranoico, lo envidian, intentan anularlo todo el tiempo, y sueñan con su fracaso, con borrar de la historia del rock en Cuba el nombre de su agrupación. «Pero mira», señala Fariñas y saca un casetico, un CD y un vinilo editado en USA: «Aquí está mi obra…».
Viento Solar es más que la banda por la que vivieron y murieron su madre y esposa, y por la que vive, desvive, vuelve a vivir y morirá Iván Fariñas. Cuarenta y seis años han pasado desde el día en que la fundó, y aun así, la devoción sigue intacta. Su sala es un altar de recuerdos, y en todas partes (la puerta, el bombo de la batería, la pared) asoma el logo inconfundible. Viento Solar es una extensión de su ser, un pedazo de su alma, o toda su alma, hecha grupo.
Iván Fariñas no ha tocado en años y no sabe si lo hará de nuevo: «Son los cabrones estos, que no me dejan», se lamenta desde un sillón, junto a las muletas que usa para caminar. «¿Tú no ves que yo no tengo pelos en la lengua, y que tienen miedo de ver a un viejo tocando como yo toco? ¿Tú no ves que me tienen envidia, que me sabotearon un disco, que no soportan que yo sea el que más tiempo lleve en una banda, que no aguantan que me llamen la ‘leyenda del rock cubano’?».
El viejo Iván Fariñas no piensa en el retiro. «¡Qué va! ¿Estás loco?», niega con la cabeza. «Yo me puedo morir mañana, porque por ley de la vida me toca, pero muero siendo rockero… Claro que sí, coño. Me muero siendo rockero».