Cuba celebró este lunes contra todos los pronósticos el Día Mundial del Rock. Digo contra todos los pronósticos porque no habría sido fácil, en el actual contexto, encontrar un sitio con todas las condiciones adecuadas para darle refugio durante cuatro horas a bandas de metal y rock que demandan una determinada logística para poder subir a los escenarios.
A ello se añade que el sitio, en este caso La Giraldilla en el vedado habanero, pudiera hacerle una finta a la oscuridad (no a la que emana del repertorio de Congregation, que abrió el cartel), sino la impuesta por los cruentos apagones que como a todo el país tienen a los músicos de rock con la vida y el trabajo el límite.
El mundo celebró al género de multitudes por excelencia (con perdón de la electrónica) y Cuba no se quedó atrás. En la isla la escena underground ha sido una de las más golpeadas por la crisis y la desidia institucional, pero ha buscado la fórmula para continuar en la carretera y replantearse su espíritu de comunidad y por qué no de beligerancia, como corresponde a esos géneros que se mueven al margen.
Congregation, tras varios cambios en su line up, alcanzó nota destacada gracias especialmente a su vocalista y dejó en brasas el ambiente para Pyra, una banda que ha crecido y sentado precedentes en la escena de los covers y pudiendo hacerlo nunca realizan un concierto como mero trámite.
Formado por la incombustible Lilian Ojeda, los ex Zeus, Hansel Arocha e Iván Vera, y el jovencísimo Darío Arocha, hicieron lo que vienen defendiendo con su puesta en escena desde hace varios años. Un concierto en el que tiran de clásicos del rock para celebrar la herencia del género, para celebrarse ellos mismos por su permanencia y para mantener en el público esa llama encendida que les dice de dónde vienen y les recuerda la música que ha sostenido sus vidas.
El público no era precisamente un mero grupo de personas, la gran mayoría de negro con remeras de sus bandas de cabera, sino una comunidad que existe desde tiempos inmemoriales en la escena del rock cubano, un sentido de pertenencia que se ha incrementado de forma notable con la agudización de la crisis, con todo lo que implica pertenece de raíz a una comunidad.
Bonus, liderada por la vocalista Yanairis Fernández, es otra de las alineaciones que está en boca de todos y de la que se seguirá hablando cuando aparezca la luz al final del túnel. Mientras, ellos siguen alcanzando relevancia sobre los escenarios con un repertorio sostenido sobre temas antológicos del rock and roll y sobre algunos propios, una producción original que no deberían descuidar.
Combat Noise, esa leyenda cubana del metal, estaba anunciada en el programa, apoyado por la Agencia Cubana de Rock y el Instituto de la Música, pero debieron suspender la última porque un músico fue golpeado por problemas de salud presuntamente debido al contingente de virus que circula en la ciudad.
A pesar de la precaria promoción y de los rumores de la posible cancelación del concierto, el rock cubano plantó bandera en este día internacional que celebró el legado y el presente de un género que se sigue reinventando y que en Cuba, pese a todo, está tocado por el extraordinario don de la sobrevivencia.
A fin de cuentas, el rock and rock siempre le ha puesto sonido a la crisis y ha dejado testimonio de las épocas mas duras de un país, en este caso Cuba, donde aún se escuchan los ecos de aquellas bandas de los 90, que se levantaban sobre las cenizas de una realidad destinada 30 años después a sacar los dientes y golpear con más fuerza la cara del ya agrietado presente nacional.
