Tengo una camiseta de Darkthrone que nunca me he puesto. Sin embargo, tengo otra de Bathory que he sacado a pasear unas cuantas veces y que ha sido fiel testigo de muchos momentos especiales. La primera me la regaló uno de mis mejores amigos; la segunda me la dio alguien a quien admiro mucho.
La de los noruegos la pedí específicamente con temática de su segundo álbum. «¿No quieres una del Transilvanian Hunger?», me preguntaron. «No», contesté. «¿Por qué?». «Porque todos tienen una de ese disco». Pero casi nadie entiende lo que significó A Blaze in the Northern Sky para el desarrollo de la escena extrema en el norte de Europa. Es la pureza del género.
Con la de los suecos no pude elegir, pero tampoco hizo falta. Blood Fire Death resultó ser uno de los trabajos que más me han gustado de Bathory. Esa camiseta significa mucho para mí. Su tela ha sido tocada, para más embrujo, por una persona muy importante en mi vida. Y para seguir sumándole, me fue entregada por otra amistad que ayudó a forjar mi gusto con respecto a la música extrema. Lleva la marca de la banda en su espalda. Lleva mi marca, la de ella, la de él. La marca de todos los que entendemos la belleza de este arte.
A Blaze in the Northern Sky significa la pureza de lo extremo. Lo inquebrantable de no claudicar, de mantener puro el estilo. Blood Fire Death es lo especial, lo sublime, lo que tiene un significado sentimental e incorruptible. Dos caras de una misma moneda. Dos sentimientos que marcan el pensamiento inigualable de sentirnos únicos y diferentes cuando vemos la belleza en donde nadie más puede. Somos los que lo hemos entendido. Y también somos una parte intrínseca e inseparable de ello
